En estas explicaciones se demuestra esa cualidad práctica de la naturalez masculina, así como la carga emocional de la naturaleza femenina. ¿Con cuáles declaraciones te identificas más?
Milán Kundera
Escribo por el placer de contradecir y por la felicidad de estar solo contra todos.
María Zambrano
Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que sólo brota desde un aislamiento efectivo, pero desde un aislamiento comunicable, en que precisamente por la lejanía de toda cosa concreta se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas. Pero es una soledad que necesita ser defendida, que es lo mismo que necesitar de una justificación. El escritor defiende su soledad, mostrando lo que en ella y únicamente en ella se encuentra.
Adolfo Bioy Casares
Yo escribí para que me quisieran: en parte, para sobornar, y, también en parte, para ser víctima de un modo interesante. Para levantar un monumento a mi dolor y convertirlo, por medio de la escritura, en un reclamo persuasivo.
Carmen Martín Gaite
La tarea del escritor es una aventura solitaria y conlleva todos los titubeos, incertidumbres y sorpresas propios de cualquier aventura emprendida con entusiasmo.
Efraím Medina
Uno se mete a escribir porque no fue capaz
de pegarle a un chofer que lo puso en evidencia, porque no destrozó los
platos en un restaurante, porque no se enfrentó a un policía loco que
insultaba a su novia, porque no le dijo a su madre lo mucho que la amaba
y detestaba, porque no escupió a un profesor que decía que la tierra
era redonda, porque se dejó ganar el puesto en la fila del cinema,
porque no tiene oficio ni beneficio, porque piensa que es una forma
fácil de hacer fama y dinero, porque si lo hacen mamarrachos como García
Márquez y Mutis uno también puede hacerlo, porque no es bueno para los
números, porque no quiere ser médico ni abogado, porque está ardido,
porque odia a la gente y quiere insultarla.
Uno se mete a escribir porque una chica linda le dijo que le gustaban
los escritores, porque necesita una coartada para no trabajar, porque lo
hace sentir superior (…)
Rosa Montero
Estoy convencida de que escribo para darles al mal y al dolor el sentido que sé que no tienen. Escribes para poder hacer habitable el mundo. El sentido, y la capacidad de supervivencia, te los da el hecho de poder compartir con los demás.
martes, 7 de mayo de 2013
jueves, 2 de mayo de 2013
Recuerdos sobre ruedas
Algo tiene el sonido de las piedrecitas reventándose con el rodar de las llantas. El polvo que se arrastra, las zanjas que se sortean con leves timonazos y ese sonido tronador... algo tiene esta experiencia que, para muchos, no será la gran cosa. Sin embargo, a mí me reconforta.
Ha de ser porque me dan las mismas sensaciones de cuando era niña y visitaba a mi abuelita, en Rabinal. Mis tías hacían la mayoría de trayectos en una bicicleta con llantas delgadas y manillar hacia abajo, de las que te obligan a poner el torso en paralelo con el marco. Pocas veces las acompañé sentada en el tubo mientras ellas pedaleaban. Seguramente mi tamaño era el adecuado, pues mi mente no tiene registro de incomodidades. Más bien creo que se combinaban en mi corazón infantil, el susto con la alegría.
En el Rabinal de aquel entonces, no había caminos pavimentados ni de concreto. Todo el terreno era de arcilla y estaba bastante erosionado. Las angostas zanjas que dejaba el paso de la lluvia nos hacían rebotar sobre el sillín. Todavía no sé cómo nunca nos accidentamos, especialmente en aquella bajada en la que yo veía volcanes y por la que mis tías pasaban la bicicleta con la habilidad de quien conduce en lo plano.
Tenía tan engavetada esta experiencia sensorial, que me sorprendió ayer, cuando salí a explorar los alrededores de mi nuevo refugio. Ahora que tengo mi propia bicicleta, debo repetirla más seguido. Había olvidado que mientras el viento azota sus brazos en mis oídos, tengo la certeza -y la disfruto- de que solo existimos mi juguete, las aves, los árboles, las piedras, las cigarras y yo.
Ahora no pedalean mis tías, ni voy sentada en el tubo, y mi tamaño es más grande que el de mis recuerdos, pero puedo volver a cerrar los ojos y sonreír con esa misma mezcla de susto y alegría, como cuando era niña.
Ha de ser porque me dan las mismas sensaciones de cuando era niña y visitaba a mi abuelita, en Rabinal. Mis tías hacían la mayoría de trayectos en una bicicleta con llantas delgadas y manillar hacia abajo, de las que te obligan a poner el torso en paralelo con el marco. Pocas veces las acompañé sentada en el tubo mientras ellas pedaleaban. Seguramente mi tamaño era el adecuado, pues mi mente no tiene registro de incomodidades. Más bien creo que se combinaban en mi corazón infantil, el susto con la alegría.En el Rabinal de aquel entonces, no había caminos pavimentados ni de concreto. Todo el terreno era de arcilla y estaba bastante erosionado. Las angostas zanjas que dejaba el paso de la lluvia nos hacían rebotar sobre el sillín. Todavía no sé cómo nunca nos accidentamos, especialmente en aquella bajada en la que yo veía volcanes y por la que mis tías pasaban la bicicleta con la habilidad de quien conduce en lo plano.
Tenía tan engavetada esta experiencia sensorial, que me sorprendió ayer, cuando salí a explorar los alrededores de mi nuevo refugio. Ahora que tengo mi propia bicicleta, debo repetirla más seguido. Había olvidado que mientras el viento azota sus brazos en mis oídos, tengo la certeza -y la disfruto- de que solo existimos mi juguete, las aves, los árboles, las piedras, las cigarras y yo.
Ahora no pedalean mis tías, ni voy sentada en el tubo, y mi tamaño es más grande que el de mis recuerdos, pero puedo volver a cerrar los ojos y sonreír con esa misma mezcla de susto y alegría, como cuando era niña.
viernes, 8 de marzo de 2013
Las mujeres, por Eduardo Galeano
Si Eva hubiera escrito el Génesis ¿Cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva habría puesto algunos puntos sobre las íes:
- Hubiera aclarado que ella no nació de ninguna costilla
- Que no conoció a ninguna serpiente
- Que no ofreció nunca ninguna manzana
- Que nadie le dijo "parirás con dolor y tu marido te dominará"
- Que todo eso no son más que calumnias que Adán contó a la prensa.
- Hubiera aclarado que ella no nació de ninguna costilla
- Que no conoció a ninguna serpiente
- Que no ofreció nunca ninguna manzana
- Que nadie le dijo "parirás con dolor y tu marido te dominará"
- Que todo eso no son más que calumnias que Adán contó a la prensa.
sábado, 23 de febrero de 2013
La mujer sin miedo
Ayer, mientras hacía cola para subir al transmetro, una agente de la policía municipal nos sonreía con dulzura a quienes íbamos avanzando. Un viejecillo moreno, vestido con la formalidad de un sombrero, saco y corbata, caminaba hasta atrás, refunfuñando algo entre dientes. Al pasar cerca de la señora agente escuché que en tono resignado, pero risueño, reprendía a este hombre diciéndole: "Todos los días pelea usted, señor. Siempre entra de mal humor".
Esta actitud encendió más la inexplicable furia del anciano, por lo que se coló y entró a empujones al bus. Mientras las puertas se cerraban, la agente se quedó en la parada solicitándole (y hablando a través del vidrio) que no volviera a faltarnos el respeto a quienes ordenadamente hacíamos la cola.
Hasta este momento, empezaba a crecer dentro de mí un sentimiento de compasión hacia la señora, quien nunca perdió la paciencia e intentó, con cortesía, hacer un buen ciudadano del hombre de oídos sordos.
Cuando este señor se ubicó en el asiento amarillo, designado para personas de la tercera edad, descubrió su cabeza calva y se sopló el cuello con su sombrero, al tiempo que decía: "Si fuera mi mujer, ya la hubiera verguiado".
Sentí que se me partía el corazón, literalmente. No cabía en mi pequeña cabeza una razón por la que, ante tanta amabilidad y respeto, el hombre haya respondido con esta violencia. Incluso imaginé cómo habrá sido de joven y me pregunté qué desafortunada mujer habrá descubierto en él esa particular manera de actuar. ¿Se habrá separado de él? ¿Se habrá defendido? ¿Estará viva?
Últimamente he sentido una amarga esperanza cuando leo en las noticias que las mujeres guatemaltecas se atreven cada vez más a denunciar el abuso. Es como si rescataran la dignidad de muchas otras cuya autoestima ha sido dañada para siempre, pero a la vez me aterra ser testigo de la facilidad con que el ser humano llega a esos extremos violentos.
Hoy descubrí, en parte, la raíz del problema de ese y de muchos otros hombres. Es una reflexión que hace el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, un pensamiento que hizo público en su país, como parte de una campaña contra la violencia que se llama Nunca más a mi lado:
"Hay criminales que proclaman tan campantes: ‘la maté porque era mía’. Así no más, como si fuera cosa de sentido común, y del derecho a la propiedad privada que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar: ‘la maté por miedo’. Porque, al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo."
Esta actitud encendió más la inexplicable furia del anciano, por lo que se coló y entró a empujones al bus. Mientras las puertas se cerraban, la agente se quedó en la parada solicitándole (y hablando a través del vidrio) que no volviera a faltarnos el respeto a quienes ordenadamente hacíamos la cola.
Hasta este momento, empezaba a crecer dentro de mí un sentimiento de compasión hacia la señora, quien nunca perdió la paciencia e intentó, con cortesía, hacer un buen ciudadano del hombre de oídos sordos.
Cuando este señor se ubicó en el asiento amarillo, designado para personas de la tercera edad, descubrió su cabeza calva y se sopló el cuello con su sombrero, al tiempo que decía: "Si fuera mi mujer, ya la hubiera verguiado".
Sentí que se me partía el corazón, literalmente. No cabía en mi pequeña cabeza una razón por la que, ante tanta amabilidad y respeto, el hombre haya respondido con esta violencia. Incluso imaginé cómo habrá sido de joven y me pregunté qué desafortunada mujer habrá descubierto en él esa particular manera de actuar. ¿Se habrá separado de él? ¿Se habrá defendido? ¿Estará viva?
Últimamente he sentido una amarga esperanza cuando leo en las noticias que las mujeres guatemaltecas se atreven cada vez más a denunciar el abuso. Es como si rescataran la dignidad de muchas otras cuya autoestima ha sido dañada para siempre, pero a la vez me aterra ser testigo de la facilidad con que el ser humano llega a esos extremos violentos.
Hoy descubrí, en parte, la raíz del problema de ese y de muchos otros hombres. Es una reflexión que hace el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, un pensamiento que hizo público en su país, como parte de una campaña contra la violencia que se llama Nunca más a mi lado:
"Hay criminales que proclaman tan campantes: ‘la maté porque era mía’. Así no más, como si fuera cosa de sentido común, y del derecho a la propiedad privada que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar: ‘la maté por miedo’. Porque, al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo."
sábado, 2 de febrero de 2013
Jugar a las revistas
De tanto hojear los catálogos de su mamá se quedó pensativa. Aún alejándose de ellos, si cerraba sus ojos, le regresaban las imágenes de esas páginas: párpados gigantes pintados de colores, cejas delgadas delineadas con un pincel, labios inflados y brillantes, pestañas de un largo nunca visto...
Recordó que en aquel mueble viejo, que le queda muy alto, sus papás colocan los perfumes y las cremas, pero también las pinturas en polvo, unas brochas delgaditas y crayones que pintan suave. ¿Qué tal si reproduce con todo eso aquellas imágenes de las revistas? Su rostro puede ser el lienzo.
Después de escalar hacia el asiento, sus pies cuelgan juguetones a escasos centímetros del suelo. Sus manos se tiñen de verde esmeralda, azul cielo, marrón y blanco. No le resulta tan difícil dibujar arcos oscuros sobre sus ojos, ni rellenar los labios sin salirse de la línea.
Cuando considera que su obra ha terminado, desciende con una sonrisa pícara. Justo a tiempo para recibir a su amigo, con quien quedó de salir a jugar al parque.
El niño del otro lado de la puerta no puede más que abrir bien los ojos para encontrar a su amiga detrás de la pintura. Ella suelta una carcajada, lo toma de la mano y le propone un nuevo juego: "hagamos juntos una revista para mamás".
Recordó que en aquel mueble viejo, que le queda muy alto, sus papás colocan los perfumes y las cremas, pero también las pinturas en polvo, unas brochas delgaditas y crayones que pintan suave. ¿Qué tal si reproduce con todo eso aquellas imágenes de las revistas? Su rostro puede ser el lienzo.
Después de escalar hacia el asiento, sus pies cuelgan juguetones a escasos centímetros del suelo. Sus manos se tiñen de verde esmeralda, azul cielo, marrón y blanco. No le resulta tan difícil dibujar arcos oscuros sobre sus ojos, ni rellenar los labios sin salirse de la línea.
Cuando considera que su obra ha terminado, desciende con una sonrisa pícara. Justo a tiempo para recibir a su amigo, con quien quedó de salir a jugar al parque.
El niño del otro lado de la puerta no puede más que abrir bien los ojos para encontrar a su amiga detrás de la pintura. Ella suelta una carcajada, lo toma de la mano y le propone un nuevo juego: "hagamos juntos una revista para mamás".
lunes, 28 de enero de 2013
Parafraseando
No te va a gustar, general,
pero no quiero más
verte pasar.
Solo me quiero sentar a esperar
que saltes al vacío
y que no vuelvas nunca
y que toda tu vida
te mate la culpa
de habernos robado una parte del alma,
que es lo que a vos te hace falta.
viernes, 25 de enero de 2013
Una habitación propia
En 1928 a Virginia Woolf le propusieron dar una serie
de charlas sobre la mujer y la novela. Como resultado de dichas conferencias, se publicó un año después, Una habitación propia. Es un ensayo en el que responde a la pregunta ¿qué necesitan las
mujeres para escribir buenas novelas? Para Virginia era esencial la independencia
económica y personal, es decir, contar con una habitación propia. Hay que destacar que en aquel entonces, hacía nueve
años que la mujer podía votar y aún quedaba mucho
camino por recorrer.
Aquí copio algunos párrafos esenciales (perdón por la traducción española):
"La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el principio de los
tiempos. Las mujeres han gozado de menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres no han tenido, pues, la menor oportunidad de escribir poesía. Por eso he insistido tanto sobre el dinero y sobre el tener una habitación propia".
"Espero que encontréis, a tuertas o a derechas, bastante dinero para viajar y holgar, para contemplar el futuro o el pasado del mundo, soñar leyendo libros y rezagaros en las esquinas, y hundir hondo la
caña del pensamiento en la corriente".
"De modo que cuando os pido que ganéis dinero y tengáis una habitación propia, os pido que viváis en presencia de la realidad, que llevéis una vida, al parecer, estimulante, os sea o no os sea posible
comunicarla".
"(...) hacer este trabajo, aun en la pobreza y la oscuridad, merece la pena".
Y hoy que releía su documento, reflexioné algo muy importante: creo que yo ya tengo mi habitación propia.
Aquí copio algunos párrafos esenciales (perdón por la traducción española):
"La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el principio de lostiempos. Las mujeres han gozado de menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres no han tenido, pues, la menor oportunidad de escribir poesía. Por eso he insistido tanto sobre el dinero y sobre el tener una habitación propia".
"Espero que encontréis, a tuertas o a derechas, bastante dinero para viajar y holgar, para contemplar el futuro o el pasado del mundo, soñar leyendo libros y rezagaros en las esquinas, y hundir hondo la
caña del pensamiento en la corriente".
"De modo que cuando os pido que ganéis dinero y tengáis una habitación propia, os pido que viváis en presencia de la realidad, que llevéis una vida, al parecer, estimulante, os sea o no os sea posible
comunicarla".
"(...) hacer este trabajo, aun en la pobreza y la oscuridad, merece la pena".
Y hoy que releía su documento, reflexioné algo muy importante: creo que yo ya tengo mi habitación propia.
lunes, 21 de enero de 2013
Dedos largos y raros
A ella le gusta mantener las uñas cortitas porque le es casi urgente que las yemas de sus dedos estén libres. Sus huesos son demasiado largos como para estirar más su apariencia con las uñas. En una ocasión, un muchacho le tiró un piropo: "tienes las manos ideales para tocar el piano". A ella le hizo mucha gracia el comentario. Le trajo a su mente los sonidos torpes que producían sus dedos intentando tocar guitarra en su juventud.
Mucho tiempo después, ella comprendió la razón de ser de aquellas extremidades poco femeninas. Esas varillas largas y morenas que salen de sus manos prefieren sentir el roce de más de una treintena de cuadraditos plásticos. Sobre esos trozos coloca las yemas de sus dedos y un interesante fenómeno tiene lugar: al oprimir cada uno, aparecen letras. Y de juntar varias letras, surgen palabras. De muchas palabras, nacen frases, ideas...
Cuando se siente satisfecha, retira sus manos y lee el resultado. ¡Ajá! ¡Tiene apenas diez dedos, pero todos juntos escriben historias!
Qué diría aquel muchacho si la viera ahora, nueve años después, produciendo música arrítmica para los oídos; no en un piano, mucho menos en una guitarra, sino en un teclado de computadora.
Mucho tiempo después, ella comprendió la razón de ser de aquellas extremidades poco femeninas. Esas varillas largas y morenas que salen de sus manos prefieren sentir el roce de más de una treintena de cuadraditos plásticos. Sobre esos trozos coloca las yemas de sus dedos y un interesante fenómeno tiene lugar: al oprimir cada uno, aparecen letras. Y de juntar varias letras, surgen palabras. De muchas palabras, nacen frases, ideas...
Cuando se siente satisfecha, retira sus manos y lee el resultado. ¡Ajá! ¡Tiene apenas diez dedos, pero todos juntos escriben historias!Qué diría aquel muchacho si la viera ahora, nueve años después, produciendo música arrítmica para los oídos; no en un piano, mucho menos en una guitarra, sino en un teclado de computadora.
lunes, 7 de enero de 2013
Empieza mi lista del año
El fin de semana ordené mis libreras. Por primera vez separo los libros que no he leído de los que ya (o de los que dejé a medias) e incluso, de los que tienen especial dedicatoria.
Del año pasado tengo acumulados varios títulos que nunca empecé. Algunos de ellos me los prestó un amigo, otros fueron regalo de las editoriales, le compré un par a otro amigo y los más recientes son los que traje de la FIL de Guadalajara. Hay uno por ahí rezagado de la librera de mi papá y otro, de un viaje a Inglaterra que hice en 2010. Y, por supuesto, tengo en un disco otro montón en su versión Kindle.
He decidido empezar mi lista con la novela Arrecife, de Juan Villoro.
De un tiempo para acá, los libros son mis pequeñas pero grandes alegrías. ¿Seré la única loquita?
Del año pasado tengo acumulados varios títulos que nunca empecé. Algunos de ellos me los prestó un amigo, otros fueron regalo de las editoriales, le compré un par a otro amigo y los más recientes son los que traje de la FIL de Guadalajara. Hay uno por ahí rezagado de la librera de mi papá y otro, de un viaje a Inglaterra que hice en 2010. Y, por supuesto, tengo en un disco otro montón en su versión Kindle.
He decidido empezar mi lista con la novela Arrecife, de Juan Villoro.
![]() |
| Un buen regalo del 2012. |
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| Para leer en 2013. |
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| Los que tienen una dedicatoria de sus autores para mí :-) |
De un tiempo para acá, los libros son mis pequeñas pero grandes alegrías. ¿Seré la única loquita?
domingo, 6 de enero de 2013
Sólo para lectores
Uno de mis programas de televisión favoritos, Página 2, incluye casi siempre una entrevista corta con músicos, actrices o celebridades a quienes les gusta leer. Yo me maravillo no sólo con sus respuestas sino con la certeza que hablan de títulos y autores. Me deja pensando cada vez que lo veo. ¿Será que yo podría contestar así de fácil a una entrevista como esa?, me pregunté un día.
Y entonces, me planteé el reto de intentarlo. Este fue el resultado:
LA PRIMERA VEZ
No tengo ubicada en mi memoria la primera experiencia con un libro, pues en mi familia el hábito de la lectura lo buscó cada quien por su lado. Sin embargo, sí recuerdo que en una librera de la casa encontré, tal vez a los 14 años de edad, varios títulos marxistas que llamaron mi atención (propiedad de mi papá). De entre ellos recuerdo uno de Materialismo Dialéctico que me devoré. Era una lectura compleja, para la cual tenía que hacer pausas largas en las que veía al vacío mientras digería la información, pero yo quedé con la sensación de haber descubierto la solución a los problemas de la humanidad. Nunca se lo conté a mi papá, porque no quería que ninguna de sus hijas tuviera contacto con esas ideas peligrosas de su juventud.
UNA RECOMENDACIÓN
Bueno... no puedo ser definitiva. Siempre recomiendo lo que estoy leyendo, si es que me afecta enormemente. Por eso diré que Atlas descrito por el cielo es definitivamente un buen consejo. Me recuerda mucho al realismo mágico, sólo que el escritor, Goran Petrovic es serbio y eso le da a la magia un nuevo toque. Además, hay tanta dulzura e inocencia en sus relatos que para mí es imposible no enamorarme de ese corazón. (Para muestra, este botón).
CITA A CIEGAS
¿Con qué escritor me gustaría tomar un café? Pues con Virgina Woolf o con Sylvia Plath. Me conformo con cualquiera. Tengo muchas preguntas qué hacerles acerca de sus "demonios" y me gustaría entender qué significado tenía para ambas la muerte.
DÓNDE Y CUÁNDO
Tengo un sillón que compré exclusivamente para leer, pero no lo uso. Siempre termino de espaldas sobre la cama. Y bueno, cuando tenía un horario de oficina, mi único tiempo disponible eran las deshoras. Con un par de libros me pasó que aprovechaba los semáforos en rojo para seguir leyendo, mientras conducía. Ahora, en esta nueva vida freelance, programé un horario para dedicarme a la lectura. Espero que me funcione.
COMPARTIR
Me da mucho miedo compartir mis libros. Se los presto únicamente a quienes sé que me los devolverán, pero así fue como extravié El Túnel, de Ernesto Sábato (que nunca recuperé) y A sangre fría, de Truman Capote.
CLÁSICO PENDIENTE
Uff, de esta categoría tengo muchos. Pero voy a confesar el que más me avergüenza: El Quijote. Lo empecé, hace muchos años pero no lo terminé.
¿Y tú, cómo responderías a este cuestionario?
Y entonces, me planteé el reto de intentarlo. Este fue el resultado:
LA PRIMERA VEZ
No tengo ubicada en mi memoria la primera experiencia con un libro, pues en mi familia el hábito de la lectura lo buscó cada quien por su lado. Sin embargo, sí recuerdo que en una librera de la casa encontré, tal vez a los 14 años de edad, varios títulos marxistas que llamaron mi atención (propiedad de mi papá). De entre ellos recuerdo uno de Materialismo Dialéctico que me devoré. Era una lectura compleja, para la cual tenía que hacer pausas largas en las que veía al vacío mientras digería la información, pero yo quedé con la sensación de haber descubierto la solución a los problemas de la humanidad. Nunca se lo conté a mi papá, porque no quería que ninguna de sus hijas tuviera contacto con esas ideas peligrosas de su juventud.
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| Goran Petrovic en la FIL de Guadalajara |
UNA RECOMENDACIÓN
Bueno... no puedo ser definitiva. Siempre recomiendo lo que estoy leyendo, si es que me afecta enormemente. Por eso diré que Atlas descrito por el cielo es definitivamente un buen consejo. Me recuerda mucho al realismo mágico, sólo que el escritor, Goran Petrovic es serbio y eso le da a la magia un nuevo toque. Además, hay tanta dulzura e inocencia en sus relatos que para mí es imposible no enamorarme de ese corazón. (Para muestra, este botón).
CITA A CIEGAS
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| Virginia Woolf |
DÓNDE Y CUÁNDO
Tengo un sillón que compré exclusivamente para leer, pero no lo uso. Siempre termino de espaldas sobre la cama. Y bueno, cuando tenía un horario de oficina, mi único tiempo disponible eran las deshoras. Con un par de libros me pasó que aprovechaba los semáforos en rojo para seguir leyendo, mientras conducía. Ahora, en esta nueva vida freelance, programé un horario para dedicarme a la lectura. Espero que me funcione.
COMPARTIR
![]() |
| Sylvia Plath |
CLÁSICO PENDIENTE
Uff, de esta categoría tengo muchos. Pero voy a confesar el que más me avergüenza: El Quijote. Lo empecé, hace muchos años pero no lo terminé.
¿Y tú, cómo responderías a este cuestionario?
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