Soy un ser plagado de sombras.
Juegan aquí adentro
retozan
alborotan
convulsan
Entran por el corazón y salen por la boca.
sarcásticas
ácidas
punzantes
Me convierten en imprudencia.
O tal vez me hacen una de ellas.
martes, 14 de febrero de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
Procesando...
Desde que Internet mueve toneladas de información, diariamente entro
al Twitter para revisar las actualizaciones de mis revistas favoritas.
Ahí también me informo de los titulares más recientes en los diarios y
emisoras nacionales. En Facebook, me entero del tema que más suena en
las conversaciones de artistas, amigos y familiares. Y mientras tanto,
en mi correo electrónico, recibo notificaciones de algunos blogs de
periodismo a los que les sigo la pista.
Puedo
imaginar a mi cerebro como una esponja que, amanece liviana y relajada,
pero al final del día termina extremadamente pesada. Muchos detalles de
mi lectura diaria cuelgan a las afueras de esa esponja, con riesgo de
caer en un extraño vacío en el que se pueden perder para siempre.
En algunas ocasiones, sucede. La información no tiene de dónde agarrarse. Pero, otras veces, hay asideros que la rescatan: un compañero de trabajo que me dice "ya leíste tal cosa" o un momento de silencio dentro de mi automóvil en el que se destraba mi disco duro. Entonces, escucho un sonoro "ping" y se me abren los ojos automáticamente.
No sé si soy yo la que no se organiza o si me traiciona esa manía de revisar todo lo que aparece como "no leído". Es que, siento un enorme alivio cuando en mi celular o en la pantalla de mi computadora, no tengo más que letras grises. Las que están resaltadas con negritas me estresan, me hacen pensar que tengo mil pendientes y me ponen ansiosa.
Puedo
imaginar a mi cerebro como una esponja que, amanece liviana y relajada,
pero al final del día termina extremadamente pesada. Muchos detalles de
mi lectura diaria cuelgan a las afueras de esa esponja, con riesgo de
caer en un extraño vacío en el que se pueden perder para siempre.En algunas ocasiones, sucede. La información no tiene de dónde agarrarse. Pero, otras veces, hay asideros que la rescatan: un compañero de trabajo que me dice "ya leíste tal cosa" o un momento de silencio dentro de mi automóvil en el que se destraba mi disco duro. Entonces, escucho un sonoro "ping" y se me abren los ojos automáticamente.
No sé si soy yo la que no se organiza o si me traiciona esa manía de revisar todo lo que aparece como "no leído". Es que, siento un enorme alivio cuando en mi celular o en la pantalla de mi computadora, no tengo más que letras grises. Las que están resaltadas con negritas me estresan, me hacen pensar que tengo mil pendientes y me ponen ansiosa.
domingo, 5 de febrero de 2012
La que quiso y no pudo ser
En la frivolidad de un centro comercial vi hoy, en una niña, el atuendo que le hubiera dado sentido a toda mi existencia noventera. En cuestión de milisegundos, pasé de la vergüenza a la nostalgia.
Me hizo recordar cómo en mi adolescencia quería desentonar, a propósito, con aquellas compañeras de clase que se lanzaban miradas ponzoñosas entre sí por acaparar el espejo del baño. Se esmeraban tanto en el uso de ropa ajustada, que yo quería mostrar todo lo contrario.
Pero además, buscaba la comodidad. Y para lograrlo, usaba playeras flojas, faldas largas, pantalones de lona holgados o rotos... pero no tenía dinero para refinar -digamos- esos peculiares gustos. Así que, reciclaba faldas de mi mamá o blusas de tallas más grandes.
Yo quería ser así,
pero en lugar de eso, me hice así: (jejeje)
Me hizo recordar cómo en mi adolescencia quería desentonar, a propósito, con aquellas compañeras de clase que se lanzaban miradas ponzoñosas entre sí por acaparar el espejo del baño. Se esmeraban tanto en el uso de ropa ajustada, que yo quería mostrar todo lo contrario.
Pero además, buscaba la comodidad. Y para lograrlo, usaba playeras flojas, faldas largas, pantalones de lona holgados o rotos... pero no tenía dinero para refinar -digamos- esos peculiares gustos. Así que, reciclaba faldas de mi mamá o blusas de tallas más grandes.
Yo quería ser así,
pero en lugar de eso, me hice así: (jejeje)
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